LAS 4 PREGUNTAS

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Podr�a comenzar hablando sobre mi deprimente vida, eso sería lo más fácil. Pero no creo que queréis conocer al detalle mi vida, ya que, al fin y al cabo, no es muy interesante. Al igual que yo tampoco quiero que mi vida sea un rumor del que todos el día después comenten sin realmente conocerme, es por ello que he puesto todo mi empeño, pero sobretodo, mi alma y mi ser en este trabajo. Es posible que algunos de vosotros diga, pues vaya, eso también sucede en mi vida, pero quizás por cómo soy y de la manera en que me afectan las cosas, lo que voy a contaros hoy y aquí es de relevante importancia en mi vida.

Todo el mundo, a lo largo de los años ha sufrido una serie de adversidades que, para bien o para mal han estado ahí, algunas se habran presentado de manera esperada, y otras, por el contrario, como un imprevisto. En mi caso, he tenido dos sucesos claves que me han marcado de por vida, y que creo que me han hecho más fuerte, o al menos me han enseado cómo afrontar las situaciones difíciles.

El primer suceso del que os hablo me sucedió durante la infancia. Lo típico, ya tenía 3 añitos, y mi madre se puso a trabajar y nos tenía que dejar en el colegio de preescolar, en Mejorada del Campo, donde vivo. Dio la casualidad, no se si buena o mala, de topar con una profesora que abusaba de mí. Cuando digo abusaba me refiero a que me pegaba, hacía que los demás niños se riesen de mí porque yo me orinaba encima a consecuencia del trauma que provocaba ir a la clase. Hasta tal era el punto que me colocaba orejas de burro en la cabeza. Todos los días salía con la cara llena de mocos por haber estado llorando. Por norma general, cuando me hacia pis encima, esta profesora no me cambiaba los pañales, para que, simplemente o me dejaba todo el día sucia o llamaba a mis abuelos, haciéndoles desplazarse desde donde viven, a más de 10 kilómetros de mi casa. Además tenía la insistente manía de compararme con mi hermana gemela, sin darse cuenta de que, aunque seamos parecidas, somos completamente distintas
Al ver mis padres que esta situación de salir así de sucia del colegio se repetía día sí, día también, le preguntaban a Esther, mi hermana gemela, pero claro, era una niña que apenas sabía hablar y no sabía si aquello que hacía esa profesora estaba bien o estaba mal. Total, que pasaron los días y mis padres decidieron, con previo acuerdo con el centro, enviar a un detective, para que estuviese mientras daba esta profesora la clase. En presencia de este señor, la docente se comportaba de manera normal, ni abusaba de mí ni nada por el estilo, simplemente me trataba como a los demás alumnos. No conforme con ello mis padres decidieron poner cámaras ocultas en el aula, y ahí fue cuando se vio lo que realmente sucedía durante las clases. Se descubrió cómo era realmente la profesora. Se le puso una denuncia, y creo que se le cesó de empleo y sueldo. Digo creo porque afortunadamente mi cerebro transformó aquella traumática experiencia en un recuerdo reprimido. Alguna vez tengo ganas de recordar al menos algo, para cuando me cruce con esa persona preguntarle por que lo hacía, por qué me tenía esa manía, aunque pensandolo mejor, quizás esto sea lo más adecuado.

Tengo muy claro que si conservara estos recuerdos no estaría aquí, dedicándome a la enseñanza, no tengo tampoco claro si habría terminado la ESO, es muy probable que me hubiese vuelto totalmente distinta a como soy ahora. Es impresionante como una persona puede influir tanto en nuestras vidas, como por una simple palabra o por un simple hecho se puede cambiar el transcurso de una vida.

La otra experiencia de la que tengo un recuerdo mucho más vívido es la de un accidente de tráfico que sufrí hará un par de años atrás. Lo típico, volvía en septiembre de un fin de semana en la playa, antes de que comenzase el curso y decidimos aprovechar la mañana y salir después de comer. El cielo se había cubierto con nubes que amenazaban una seria tormenta, y efectivamente no nos defraudó en absoluto. La tormenta descargó nada más empezar el viaje, diluviaba de tal manera que apenas se podía ver el coche que teníamos a 10 metros. Esta lluvia provocó unos cuantos accidentes entre los cuales destacaba un tráiler atravesado en toda la autopista, lo que nos hizo desviarnos por el campo para volvernos a incorporar a la carretera. Pensamos bueno, ahora la gente correrá menos, y eso pensábamos hasta que uno nos golpeó en el lateral izquierdo trasero. Puedo recordar a mi madre repetir numerosas veces el nombre de mi padre, sentir un golpe brusco procedente de mi lado, luego oír a mi hermana gritar, y cuando la miré solo entonces, fui consciente de lo que estaba sucediendo, estaba sufriendo una accidente de tráfico, y no era por nuestra culpa. Impactamos un par de veces más contra la mediana y contra el guarda raíl dos veces más. Pude ver cómo la carretera daba vueltas delante de mí. Lo único que pensé, fue, este es el final. Hasta aquí hemos llegado. De pronto sufrimos un brusco golpe y el coche se detuvo. Saltaron los airbags y el habitáculo quedó impregnado por un intenso aroma a pólvora. Miré ansiosa a mis padres y a mi hermana, que lloraba. Mi padre fue el primero en bajarse del coche, y en asegurarse de que no viniese nadie que impactara con nosotros, y posteriormente nos abrió la puerta. No sépor qué extraña razón, me puse a reírme mientras buscaba la chancla que se había perdido bajo el asiento del copiloto, seguramente a causa del estrés de momento. Bajó y abracé a mis padres y a mi hermana. Luego miré el coche, apenas tenía 2 meses después de que se hubiese roto la correa de distribución del coche anterior. Quizás fue un aviso, quizás tuvimos suerte de haber ido con ese coche. Lo que tengo seguro es que de haber ido con el coche de mi madre, un C3, habríamos dado vueltas de campanas y lo más probable es que estuviésemos muertos.
Se me saltaban las lágrimas, pero pude contenerlas de manera más o menos firme, este es quizás uno de los rasgos de mi eneatipo, el 1, pensé, si yo me hundo, qué pasará. No puedo venirme a bajo, mi padre ya se ha hundido, debo tirar de todos hacia arriba. Y así lo intenté e hice. Mi madre y mi hermana estaban histéricas, llorando al lado del coche, mi padre temblaba entero, incluso su voz no era la voz firme que siempre tenía, temblaba de susto, de temor de poder habernos perdido. Yo fui la encargada de hablar con la policía, de hacerme cargo de la situación y de repetir una y otra vez los DNI de mi hermana y mío, así como el número de matrícula del coche. Intenté salir de esa situación, llevando a flote hasta a la persona que pensaba que nunca se derrumbaría, mi padre, a aquella voz de autoridad que esperas que siempre estará ahí y que siempre será firme.

Vi al conductor del vehículo que había impactado con nosotros, tenía cara de susto, es normal, pero al parecer se quedó dormido. Era militar, iba de maniobras. ¿Quién se puede quedar dormido a la friolera velocidad de 120 km/h? Yo desde luego no. El fue el culpable del accidente en el que casi perdemos la vida, no se preocupó por llamarnos para saber cómo estábamos. Recuerdo la tristeza con que mirábamos el paisaje de Villena, por esa zona había castillos para visitar, el viernes anterior habíamos parado en el castillo del pueblo en el que habíamos tenido el accidente. Desde ese momento preferimos dar una vuelta más grande para ir a la playa en lugar de pasar por esa carretera, creo que todavía están las marcas de nuestro coche en la mediana.

Fuimos al ambulatorio cercano, no éramos los únicos que habíamos sufrido un accidente, al parecer, otro chico de origen ruso lo había sufrido también, su novia, que era española, había perdido la vida al ser atravesada por el guardar raíl. Tuvimos mucha suerte.

Recuerdo el día siguiente, mi padre tuvo el valor de ir a trabajar, pese a las lesiones y mareos que teníamos no dejé de pensar en él en toda la mañana, hasta que llegó a casa. No quise preocupar a mis amigos, así que cuando me llamaban para salir por la tarde les decía que me encontraba mal, a la los cuatro días salí, nunca viene mal despejarse, y se lo conté.

Creo que estas experiencias, en especial esta última, me han hecho más fuerte a la hora de enfrentarme a las situaciones. Es, quizás, una de las razones por la que, pese a pertenecer al eneatipo 1, soy bastante positiva. Intento mirar lo bueno de las situaciones, ya que, en mi opinión, que un examen o un trabajo te salga mal siempre se puede mejorar, claro que siempre lo intento hacer lo mejor posible dentro de mis posibilidades, aumentando mi nivel de exigencia cuando estoy a punto de alcanzar las barreras que yo misma me he impuesto. Pero sé que un trabajo que no está del todo bien hecho tiene solución, pero una vida perdida, no. Es por esa razón por la que siempre intento mirar el lado bueno de las cosas.

Estos dos sucesos que he explicado me han llevado a conocerme de manera más o menos buena, es decir, A SABER QUIÉN SOY
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. A lo largo de mi vida me he encontrado con una serie de obstáculos que, de manera más o menos buena he logrado ir solucionando y superando, y que, en el caso de no ser así, no darme por vencido hasta conseguirlo. Podría limitarme a enunciar una serie de cualidades que considere importantes en mí, pero no es ese mi estilo. Creo que quienes me conocen creo que saben perfectamente cómo soy, por eso he realizado unas entrevistas sobre los aspectos buenos y malos, para alcanzar esto que habéis escuchado he tenido que dejar a un lado a mis amigos de toda la vida, ya que estos me metieron en algún que otro lío, pero con lo que, pese a que las cosas no sean igual que eran antes, sigo manteniendo el contacto.

He de reconocer que yo de pequeña era una persona muy nerviosa, inquieta y sobre todo que se enfadaba por cualquier cosa mínima, y siempre quería llevar la razón. Pero conforme he ido madurando, me he ido dando cuenta que lo más importante no es llevar siempre la razón, sino defender por qué creo que la tengo y contemplar otros puntos de vista.

Quizás haya sido la continua comparación con mi hermana lo que me haya llevado a forjar el carácter que tengo hoy en día. Teníamos una rivalidad, sana, si es que una rivalidad puede serlo. De pequeña , pero sobre todo a partir de que comencé la ESO, y con ella mi etapa de maduración, ha existido esa rivalidad por que las notas de una superasen a la otra, intentando mejorar cada día y perfeccionar un poco más a medida que iba creciendo. Esto, unido a la minuciosidad de mi padre en cualquier tipo de tarea, ha forjado que en el eneagrama haya salido que soy PERFECCIONISTA. Incluso en la actualidad, pese a que mi hermana está cursando otra carrera en la que no cursamos las mismas asignaturas ni tenemos los mismos profesores, intento superarla en cuanto a las notas. Es, digamos, un aliciente que me ayuda a superarme día a día.

Otra barrera que he tenido que superar ha sido la formada por las críticas que hacían los demás respecto a mí, bien fuese por mi físico o bien por mi mentalidad infantil. El primer aspecto trajo conmigo grandes problemas al coincidir durante los últimos años de primaria y los primeros de secundaria con algunos alumnos que me atacaban verbalmente con críticas a cerca de mi físico. Esto estaba causado de nuevo por la comparación entre mi hermana y yo. Cuando comenzamos a desarrollar, mi hermana se quedó con un cuerpo estilizado, y yo, por efectos hormonales, no. Se metían conmigo acerca de que si estaba gorda o que no me podía comparar con mi hermana. Esto, en muchas ocasiones, me trajo grandes llantinas nocturnas. Pero el paso del tiempo me ha enseñado que, pese a que yo estuviera más rellenita o que fuese menos alto que mi hermana, al final el físico queda a un margen en cuanto a logros académicos y virtudes de la vida. Es cierto que una persona te entra por los ojos, en cuanto la conoces, pero me reitero al decir que la inteligencia no depende del físico, aunque claro está que una persona puede tener ambos aspectos. No es que me enorgullezca de pensar lo siguiente, pero al fin y al cabo, es lo que pienso: puede que no tuviese el físico esperado, pero he logrado alcanzar grandes objetivos en la vida, un aspecto del que no pueden alardear esas personas. Mientras yo he conseguido llegar hasta aquí, ellos han conseguido en más de una ocasión tener problemas con la policía, y pese a esos errores, creo que todavía no han comprendido realmente cómo funciona la vida.

El otro aspecto es el de la mentalidad infantil. He de reconocer que no me avergüenzo de haber tenido hasta muy tarde esa mentalidad. De hecho, hoy en día, de vez en cuando dejo que mi niño interior aflore a la superficie, aunque no con la misma frecuencia que antes. Muchas personas me decían, aun cuando estaba en 3º de la ESO, que debía madurar. Y yo me preguntaba, ¿POR QUÉ HE DE MADURAR SI YO SOY FELIZ ASí? Creo que cada uno madura cuando tiene que hacerlo, sin embargo agradezco a aquellos que insistieron en ello, ya que, de no haber sido por ellos, ninguna vez me habría planteado si realmente me era necesario madurar.

Quizá sea por estas dos últimas experiencias mencionadas o tal vez por mi eneatipo, pero el caso es que siempre he tenido sensación de inferioridad respecto a los demás, razón por la cual, muchos de mis conocidos, ya sean amigos o familiares, insisten en que debo aprender a valorarme más.

Gracias a estas experiencias, y a algún que otro reconocimiento por parte de profesores, amigos y familiares, he logrado alcanzar algunas cualidades como son la precisión y perfección a la hora de realizar trabajo, a la hora de intentar tomarme las críticas no como una manera de herirme, sino más bien como una forma de mejorar día a día. He comprendido a valorar las relaciones que tengo con las personas, sabiendo distinguir entre aquellas que son simplemente compañeras de trabajo, o aquellas a las que puedo mostrar mi alma, mis sentimientos y emociones.

¿DE DONDE VENGO?

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Cuando leí la pregunta lo primero que hice fue dirigir mis pensamientos a mi árbol genealógico, pero tras pensar que realmente la genética tiene poco que ver a la hora de condicionar la personalidad de las personas, advertí que lo que verdaderamente ha formado mi personalidad actual han sido las diferentes relaciones interpersonales a lo largo de mi vida. Sin duda un ejemplo a destacar son mis padres. De mi padre he adquirido la manera sensata de hacer las cosas, de la planificación continua del trabajo y el punto de vista objetivo. Siempre ha sido mi punto de referencia y de autoridad. Creo que es por eso que, cuando sufrimos el accidente y vi que mi padre se venía abajo, yo ejercí el papel que él desempeña día a dia.

De mi madre destacaré su tremenda disposición a ayudar a los demás, aún cuando ella tenga problemas internos, siempre los deja a un lado y te ayuda a salir del hoyo en el que estás metido. Así como su generosidad y su emotividad. Con emotividad me refiero a la manera de expresar sus sentimientos, es decir, sinceridad. Si tiene que estar enfada, lo estará. Además de que no guarda rencor alguno. Estos aspectos creen que se han calcado muy bien en mi personalidad, pese a que no quede modesto decirlo.

De Esther, mi hermana, encontré y al mismo tiempo asimilé su manera de ayudarte y socorrerte. Es la mano que te sujeta cuando te estás cayendo por el abismo, que te hace salir a flote. Además por muy mal que yo esté, es capaz de hacerme sonreir.

De mis abuelos y de mis tías he aprendido que, pese a que me regañen lo hacen por mi bien, porque quieren lo mejor para mí y para los demás y eso les hace felices.

Y por último, de mis amigos he aprendido a diferenciar entre simples amistades y amistades profundas, así como no a quedarme en el mero aspecto superficial, sino a llegar a mirar dentro del alma de cada persona.

¿A DÓNDE VOY?

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Esta pregunta la he interpretado con cuál es mi misión en la vida, una frase muy característica del eneatipo 1. Creo que realmente lo que deseo es ser alguien capaz de ayudar a los demás, que acudan a mi cuando necesiten ayuda, pero que también comprendan que de vez en cuando yo también la necesitaré. Que cuenten con migo para lo bueno y para lo malo. Que comprendan que nunca les defraudaré, que puedo ser el bastón en el que apoyarse para continuar el camino, pero que, aunque sea muy egoísta por mi parte, también espero de ellos que no me defrauden.

No deseo con toda mi alma que me recuerde la historia, pero sí que me recuerden las personas.


¿QUÉ OBSTÁCULOS TENGO PARA LLEGAR?

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El primer obstáculo con el que me encuentro es el conocimiento pleno sobre mí misma, y hasta que no lo consiga no podré continuar avanzando. Para ello necesitaré toda mi vida, lo sé. Al igual que comprendo que puede que nunca llegue a conocerme y comprenderme del todo.
El segundo, pero no por ello menos importante obstáculo que me encuentro es el de ayudar a los demás, puesto que, para ayudarles, antes debo conocer cómo hacerlo, y para ello también debo conocerles de manera más o menos profunda.
Y por último debo comprender el mundo, ya que sin una comprensión de éste, no podré saber cómo influye en las personas. Se que el mundo perfecto no existe, aunque siempre intento conseguirlo.


En el siguiente enlace encontrareis el prezi de mis 4 preguntas:

http://prezi.com/5sa8c6rmpkvs/mis-4-preguntas/

Tras realizar mi exposición delante de aproximadamente 90 personas, voy a hablar acerca demi experiencia. Pese a que me propuse no llorar, no tuve éxito alguno, ni a la hora de escribir acerca de lo que iba a hablar, no a la hora de exponerlo delante de mis compañeros. Con esta experiencia me he sentido liberada de alguna manera, y relajada cuando he terminado la exposición. Liberada porque sé que no tiendo a mostrar cómo soy y cómo son mis sentimientos, y relajada al poder contarlo a las personas, para que pudiesen comprender que mi personalidad actual ha sido forjada por dievrsas experiencias.

Cuando he terminado dicha exposición, muchos de mis compañeros me han abrazado y comentado que realmente se ha sentido muy identificados cono mis experiencias, además de que se pensaban que mi personalidad era muy fuerte y no sabía que había sufrido tanto.

No me arrepiento en absoluto de haber expuesto, de hecho lo necesitaba, sentía que mi cuerpo necesitabaque contase mi camino de la vida y fui yo misma la que se ofreció a hacerlo. Además creo que es un trabajo que realmente nos es de mucha ayuda, ya no solo en el ámbito educativo, sino también en el día a día.